9 de marzo de 2009




En muchas ocasiones desearía ser otra y poder huir de mi vida durante unas horas.

Me encantaría poder adentrarme por los rincones más escondidos de Barcelona, sentarme en un cafetería que me haga viajar a los años 60 y tomarme una taza gigante de chocolate caliente con una magdalena recién hecha, mientras las mejillas se me tiñen de color carmesí y empiezo a tener calor. Y una vez que mi cuerpo ha encontrado esa temperatura que hace que mis ojos se cierren inevitablemente, salir y notar el aire frío que se cuela por cada uno de los poros de mi piel haciendome sentir viva. ç
Y por último, volver a mi vida real, lentamente, mientras observo a los diferentes transeúntes pasar por mi lado y me meto en sus miradas intentando averiguar algo sobre ellos.